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La importancia del diagnóstico 💡

Un síntoma es un signo, un efecto, una señal de alarma. Los síntomas físicos no siempre responden a una enfermedad, puede doler la garganta o la cabeza de forma transitoria, sin estar enfermo.


Además, los signos o síntomas no solo son indicativos de enfermedades, sino que también pueden aparecer en diversos síndromes y trastornos. Estos tres conceptos son similares, lo que en muchas ocasiones puede dar lugar a confusión o a que los utilicemos de manera errónea, sin embargo presentan ciertos matices que les diferencian. Y os preguntaréis, ¿cuál es la diferencia entre enfermedad, síndrome y trastorno? os lo contamos a continuación.

La enfermedad es un conjunto de síntomas y dolencias provocados por una causa orgánica determinada. Mientras que el síndrome es un conjunto de síntomas que responden a un cuadro clínico conocido, originado por diversas causas como orgánicas o sociales, entre otras. Un ejemplo son los síndromes genéticos como el Síndrome de Down o el Síndrome de Turner, entre otros.


Por su parte, un trastorno es un conjunto de alteraciones y desórdenes que afectan la vida cotidiana de una persona. Se empezó a utilizar este término para referirse a manifestaciones mentales o psíquicas no producidas necesariamente por una causa orgánica. Cada trastorno reúne una serie de características comunes con afectación significativa del estado psíquico, conducta y adaptación social. Estos diagnósticos se basan en el cumplimiento de una serie de criterios establecidos fundamentalmente por dos grandes nosografías o sistemas de clasificación:

  • DSM (Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders) o en español Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales, de la Asociación Americana de Psiquiatría (American Psychiatric Association, APA). La primera edición, el DSM I, es de 1950 y la última y actualmente en vigor, es el DSM-5 publicado en 2013.

  • CIE, Clasificación Internacional de Enfermedades y Problemas Relacionados con la Salud. Desde 1994 se han empleado las clasificaciones recogidas en la décima Revisión (CIE-10), sustituida en el 2018 por una última edición ( CIE 11).

En algunos de estos trastornos se han detectado afectaciones neurológicas u orgánicas de otro orden que aportan información pero que no se cumplen necesariamente en todos los casos. Para concluir un determinado trastorno es suficiente cumplir los criterios que los definen como entidad clínica, sin ser necesaria la comprobación de dichas afectaciones o incluso si se demuestra mediante las pruebas pertinentes que no están presentes.


¿Cuál es la función del diagnóstico?

El diagnóstico es el proceso de análisis por el cual se identifican enfermedades, síndromes o trastornos. Las funciones del diagnóstico son las siguientes:

  • Orientar los tratamientos e intervenciones a realizar en cada caso.

  • Favorece la comunicación y coordinación entre diferentes profesionales de diferentes ámbitos: sanitario (clínico), escolar, laboral, social...

  • Aporta calma a quien la padece y a la familia sobre una situación de enfermedad y malestar que se agrava ante la incertidumbre del desconocimiento, de no saber qué está pasando.

  • Permite la comunicación y el encuentro entre personas con la misma problemática a través de asociaciones y grupos que facilitan el afrontamiento e inclusión social mediante el apoyo mutuo y búsqueda de recursos en diferentes ámbitos.

Los límites del diagnóstico.

La definición diagnóstica no incluye la forma en la que se manifiesta en cada persona ni el sufrimiento subjetivo que ocasiona. Esta particularidad de cada uno es imprescindible tenerla en cuenta por su incidencia en los diferentes ámbitos de la vida, en la forma de afrontarla y en la adherencia a los tratamientos propuestos.


El diagnóstico, por tanto, no puede ni debe ser tomado como una definición del individuo. Existe el peligro de considerar el diagnóstico como una marca, un estigma que cierra posibilidades. Se ha producido una evolución importante en este aspecto pero, aun así, sigue presente esta consideración social que puede justificar el miedo por parte de los afectados a la exclusión social.


Además, hay síntomas y alteraciones que no cumplen criterios de inclusión en diagnósticos establecidos, por este motivo no se reconocen y no se toman medidas para tratarlas ocasionando problemas a corto, medio y con frecuencia a largo plazo. Por este motivo, además de describir los trastornos, expondremos en esta página algunos de estos cuadros frecuentes en la clínica, donde no todo se ajusta a juicios diagnósticos claros y precisos.

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