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Bullying. La importancia de entender la diferencia. 🤝

Actualizado: 26 feb 2021

El día 5 de noviembre de 2020 se celebra el Día Internacional Contra la Violencia y el Acoso Escolar, por ese motivo hemos querido aprovechar para dar visibilidad a un fenómeno social cada vez más presente en nuestra sociedad, el bullying.


En los últimos años, la palabra Bullying ha comenzado a formar parte de la vida cotidiana de muchas personas, llegando a ser una palabra normal dentro de los entornos escolares. El Bullying es un fenómeno de grupo caracterizado por un tipo de violencia que se da en el ámbito escolar independientemente del nivel social, cultural y de género. Se trata de un tipo de acoso entre iguales en el que una persona es expuesta repetidamente y a lo largo del tiempo a comportamientos violentos por parte de una o más personas. Estas personas que actúan como agresores someten a la persona víctima a uno o varios tipos de acoso o intimidación lo que genera una situación de vulnerabilidad y de estrés con importantes consecuencias en la salud de aquellos que los experimentan.

A pesar de que pueda parecer que en el fenómeno del Bullying únicamente participan la víctima y el o los agresores, lo cierto es que son tres los “actores” implicados en la dinámica, en su establecimiento y en su mantenimiento. Por un lado encontramos al agresor o agresores, quien o quienes ejercen el poder de forma activa, y por otro lado están las víctimas, las cuales reciben la agresión y las consecuencias directas de la violencia. Sin embargo, los agresores y las víctimas no son los únicos que participan en el fenómeno del Bullying, también tienen un papel fundamental los espectadores o testigos, que de manera directa o indirecta, pueden fomentar o evitar que este tipo de situaciones tengan lugar. Entre ellos encontramos a los indiferentes, los que tienen miedo al agresor, los que justifican y los que intervienen, ya sea defiendo a la víctima o animando al agresor.


Es importante conocer estos tres roles, ya que las intervenciones y propuestas para minimizar el impacto grupal del Bullying han de contemplar acciones sobre los tres participantes. De hecho, a menudo los “testigos”, debido al miedo a ser señalados o a otras emociones como la vergüenza, juegan un importante papel en el mantenimiento, lo que puede tener graves consecuencias en la salud bio-psico-social de todos los integrantes del grupo. Es por este motivo que las intervenciones escolares han de tener en cuenta el poder de estos testigos a nivel de dinámica grupal, ya que su cambio de actitud y comportamiento influirá en gran medida al resto de los actores.


Otros factores importantes en cuanto a las intervenciones sobre la víctima y el agresor son tratar de evitar la revictimización y/o la culpabilización, de cualquiera de los dos. La intervenciones enfocadas hacia la responsabilidad de cada una de las tres partes y dirigidas a analizar y reparar los efectos y las consecuencias de haber mantenido un clima grupal de violencia, conllevan un papel activo beneficiosos para el grupo.

Tipos de bullying

Aunque el Bullying es un fenómenos de grupo global, algunos autores diferencian varios tipos en función del canal en el que se expresan las conductas violentas.

  • Bullying físico: daño físico personal o a las pertenencias.

  • Bullying psicológico: intimidación, chantaje, manipulación y amenazas.

  • Bullying verbal: discriminación y menosprecio verbal, sarcasmos e insultos que fomentan la exclusión

  • Bullying sexual: abuso y acoso sexual, referencias a partes del cuerpo o a elecciones y orientaciones íntimas.

  • Bullying social: aislamiento y exclusión del resto, ignorar o excluir de participar en actividades de grupo.

  • Ciberbullying: violencia a través de las nuevas tecnologías, a veces desde el anonimato. Insultos, mensajes de intimidación o humillantes, difusión de imágenes o fotografías, suplantación de perfiles personales en redes sociales.

Con frecuencia, la violencia o el Bullying puede aparecer en más de uno de estos tipos. Es importante tener esto en cuenta, ya que, tanto las consecuencias sobre la salud, como las posibilidades de modificación y cambio, serán diferentes según el canal en el que se manifieste la violencia.


Actualmente las nuevas tecnologías están al alcance de la mano de prácticamente todos los niños/as y adolescentes. Desde edades cada vez más tempranas, los niños pueden acceder fácilmente a este tipo de dispositivos con un escaso control paterno, jugando a videojuegos online o usando redes sociales en las que comparten imágenes o videos personales sin ningún tipo de supervisión, hacen que el ciberbullying sea un gran motivo de preocupación en la sociedad en la que vivimos.

Efectos a nivel neuropsicológico

Hemos señalado al inicio de esta entrada que el Bullying, en cualquier de sus variantes, supone un efecto de grupo marcado por la violencia y de gran potencial estresante, especialmente para la víctima. Sin embargo, aunque la víctima es la persona más vulnerable y receptora de gran parte de las consecuencias de la violencia, el resto de los actores también sufren algunos de estos efectos. Algunos de estos efectos estudiados sobre el desarrollo y el funcionamiento cerebral y el desempeño neurocognitivo son:

  • En los acosadores: trastornos de conducta, déficit de atención e hiperactividad, trastorno oposicionista desafiante y trastorno depresivo y alteraciones en las funciones ejecutivas.

  • En las víctimas: trastornos de ansiedad y fobias, reacciones psicosomáticas, problemas atencionales, de juicio, y de memoria y alteraciones en las funciones ejecutivas como la el control inhibitorio o la toma de decisiones.

  • En los testigos: el estrés, el miedo o la vergüenza son emociones que pueden aparecer en estos actores. Si los niveles son muy elevados pueden conllevar efectos propios del mantenimiento del estrés durante un periodo largo de tiempo como alteraciones a nivel atencional o dificultades para conciliar el sueño.

La importancia de entender la diferencia

Cuando una persona presenta una diferencia física, psicológica o social, a veces nuestra primera reacción es de rechazo porque sentimos que algo nuestro puede estar en peligro (posesiones, identidad, reconocimiento, etc.). Sin embargo, esta primera reacción de rechazo impide que podamos entender por qué nos sentimos amenazados y conocer cuáles son los puntos que tenemos en común más allá de estas diferencias. Es decir, qué nos acerca más de lo que nos aleja como seres humanos.


Por otro lado, es importante no dejarse llevar por expectativas ideales sobre la armonía de los grupos, ya que el conflicto social forma parte de los vínculos afectivos y de las relaciones humanas dentro del proceso evolutivo. Por eso, más que ignorarlo o desatenderlo, es importante generar espacios en el aula que den cabida a las diferencias, que fomenten el intercambio, el diálogo y el debate. Se necesita un espacio y un tiempo para el aprendizaje sobre los vínculos sociales y la vida en comunidad.


Y vosotros/as ¿cómo creéis que podemos fomentar la tolerancia y el respeto entre niños/as y adolescentes en el ámbito educativo? Podéis dejarnos vuestras ideas en comentarios, nos encantará conocer vuestro punto de vista sobre este tema.

 

Referencias:

  • Fernández-Daza, M. (2016). Neuropsicología del acoso escolar: Función mediadora de la conducta prosocial. Revista mexicana de neurociencia, 17(6), 106-119.

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