¿Qué son los trastornos motores?

Los trastornos motores son aquellos que involucran una serie de afecciones del tono muscular, la postura, el movimiento y la adquisición de habilidades motoras. Dichos déficits pueden interferir en la capacidad funcional de los niños/as que los padecen, necesitando determinados apoyos, ayudas o modificaciones del entorno en su vida cotidiana.

¿Cómo podemos clasificarlos?

Existen múltiples trastornos que afectan a nivel motor, así como varias divisiones de los mismos. En este sentido, se han tenido en cuenta aquellos que aparecen durante el desarrollo, clasificándolos de la siguiente forma:

  • Trastornos motores de origen encefálico: se recogen las patologías cerebrales que ocasionan lesiones motoras persistentes. Entre las principales se encuentran: los traumatismos craneoencefálicos, los ictus, las encefalopatías hipóxico-isquémicas, las infecciones del sistema nervioso central (meningitis y encefalitis), la leucomalacia periventricular (principal causa de Parálisis Cerebral), etc.

  • Trastornos motores medulares o neuromusculares: afectan al nervio periférico, a la unión neuromuscular o al músculo. Entre los principales trastornos se incluyen la atrofia muscular espinal, el mielomeningocele (espina bífida), el síndrome de Tourette, los síndromes miasténicos, las miopatías congénitas, las distrofias musculares y las neuropatías.

  • Trastornos neuromotores leves: disfunciones motoras que se manifiestan en el desarrollo y no obedecen a afecciones neurológicas adquiridas evidentes, como el Trastorno del desarrollo de la coordinación o dispraxia del desarrollo.

Además, existen varios trastornos infantiles con presencia de déficits motores secundarios a los mismos, como la Discapacidad intelectual, diversos síndromes genéticos, el Trastorno del Aprendizaje No Verbal (TANV), el Déficit de Atención Motor y Perceptivo (DAMP), la Dislexia, etc.

¿Cómo se manifiestan?

La presencia de manifestaciones clínicas está mediada, en gran parte, por la afectación motora que presente el niño/a. Por tanto, hay una gran variabilidad de síntomas, que a su vez dependen de múltiples factores.

En algunos casos, cuando el sistema motor de un niño/a se ve más gravemente afectado, pueden presentar alteraciones del tono muscular (hipertonía o hipotonía), ausencia inicial o presencia continua de reflejos, patrones posturales anormales, afectación oroalimenticia (babeo, dificultad para tragar) o dificultades en la adquisición de habilidades motrices de forma ordenada (sostén cefálico, sedestación, gateo, etc) y en su período correspondiente. Conforme crecen pueden requerir ayudas técnicas para desplazarse o moverse de forma independiente.

En los casos más leves, puede no ser perceptible la afectación motora inicialmente, con pequeños retrasos en la realización de destrezas motoras simples (gateo, marcha, etc). Por lo general, aparecen dificultades en habilidades motoras gruesas (necesarias para saltar o montar en bicicleta) y/o finas (para escribir, dibujar o usar tijeras). En este sentido, pueden repercutir en el rendimiento académico (en asignaturas como educación física, plástica, lengua, matemáticas, etc), en el área social (al mostrarse más “torpes” en juegos de grupo) y/o emocional-afectiva (al darse cuenta que les cuesta más trabajo que sus compañeros realizar algunas tareas).  A nivel comunicativo, pueden tener un menor control articulatorio del habla, con dificultades para pronunciar algunos sonidos, sílabas o palabras. Respecto a las actividades de la vida diaria, pueden necesitar más esfuerzo y tiempo para aprender a vestirse, abrocharse los botones, atarse los cordones de los zapatos, utilizar los cubiertos, etc.