¿Qué son los Trastornos del espectro autista?

Los Trastornos del Espectro Autista, también conocidos como TEA, son un tipo de trastornos del neurodesarrollo que tienen su inicio en la infancia y que afectan, principalmente, al desarrollo de la comunicación y de la interacción social, con conductas e intereses restringidos y repetitivos. Se trata de un trastorno muy heterogéneo que se engloba dentro de un continuo cuya evolución, manifestación e intensidad de los síntomas puede variar en cada niño o niña y a lo largo de las diferentes etapas del desarrollo.

Es importante tener en cuenta que, en algunos casos, puede aparecer junto con otros síntomas psiquiátricos, como lo comportamientos obsesivos; con otros trastornos del neurodesarrollo, como el TDAH o los trastornos del movimiento; y con trastornos del lenguaje, del desarrollo intelectual o del aprendizaje no verbal.

¿Cómo podemos clasificarlos?

Actualmente, las diferentes manifestaciones se engloban dentro de un espectro o continuo que tiene en cuenta de forma global el momento del ciclo vital. Generalmente, resulta difícil establecer los límites de las diferentes categorías, por lo que es necesario evaluar las necesidades individuales desde una perspectiva dimensional. Dos aspectos diferenciales relevantes son:

  • Los diferentes niveles de severidad: si requiere un soporte muy substancial, substancial o       únicamente un soporte de ayuda.

  • La necesidad de especificar: determinar las alteraciones presentadas, si existe o no dificultad intelectual, deterioro del lenguaje, si está asociado a una afección médica, genética, o a un factor ambiental conocido, a otro trastorno del neurodesarrollo, mental o del comportamiento y si presenta anormalidades motoras asociadas.   

¿Cómo se manifiestan?

Al tratarse de un continuo, la manifestación de los síntomas es muy variable, depende de múltiples factores. Por eso motivo, podemos observar niños que presentan afectaciones más graves, en los que el uso del lenguaje está muy afectado, hasta casos más leves que presentan una capacidad intelectual acorde a su desarrollo y sin dificultades en el uso del lenguaje (aunque suele ser frecuente el retraso en su adquisición).

De forma general, la sintomatología o los problemas más frecuentes son los déficits sociales o de comunicación, como mantener conversaciones o relaciones adecuadas al nivel del desarrollo, o dificultades en las conductas de comunicación no verbal. Pueden no responder cuando se les llama por su nombre, mantener poco contacto visual en las interacciones con otros o presentar dificultad para comprender el punto de vista de los demás. En algunos casos, pueden afectar a la autonomía personal y a actividades de la vida diaria como comer, vestirse, ir al baño, etc.

Otras manifestaciones frecuentes son los intereses o actividades restringidas y repetitivas, tanto en el habla (repetir determinadas frases o palabras), como en movimientos (aleteo de brazos, caminar de puntillas) o en la manipulación de objetos estereotipada y repetitiva. Es frecuente la fijación excesiva por determinadas rutinas y la escasa flexibilidad para el cambio. Estas dificultades suelen acompañarse de hipersensibilidad al ruido, al tacto, a los alimentos, al dolor, etc. Por otro lado, es común que presenten una capacidad especial para algunos aspectos concretos como memorizar sus temas de interés y, en algunos casos, para el cálculo mental.