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¿Qué son las actividades de la vida diaria?

Actualizado: 29 mar 2020

Las actividades de la vida diaria (AVD) se definen como aquellas tareas que se realizan a diario, interactuando con el ambiente cercano. Por tanto, el concepto de AVD incluye la relación de la persona con su contexto-entorno. El desempeño en las AVD está muy relacionado con la construcción y mantenimiento de la identidad e intereses personales y, en consecuencia, implicado en el desarrollo de hábitos y estrategias.


Las AVD se clasifican en tres grandes grupos:

  • Las actividades básicas de la vida diaria (ABVD), se relacionan con las necesidades básicas de automantenimiento y autocuidado, sin la intención de interactuar con el entorno. Por tanto, son universales, muy específicas y con poca influencia sociocultural. Además, su ejecución se automatiza en edades tempranas (alrededor de los 6 años). Algunos ejemplos son: la alimentación, el vestido, el cuidado y aseo personal, la movilidad, el uso del inodoro, etc.

  • Las actividades instrumentales de la vida diaria (AIVD), más complejas que las anteriores, son un medio para obtener o realizar otra acción, permitiendo a la persona adaptarse a su entorno. El aprendizaje para realizar estas actividades está influenciado por connotaciones individuales (como sexo, edad, circunstancias personales o familiares y estilo de vida). Algunos ejemplos son: el uso del teléfono, los medios de transporte, las compras, las labores domésticas, la preparación de comidas, el manejo del dinero, etc.

  • Las actividades avanzadas de la vida diaria (AAVD), que ofrecen a las personas un amplio abanico de ocupaciones para su desempeño. No son indispensables para el mantenimiento de la independencia, pero están en relación con el estilo de vida de la persona, sus intereses, capacidades y destrezas intrínsecas, que permiten desarrollar su rol dentro de la sociedad en el contexto que las envuelve. Algunos ejemplos son: la educación, el trabajo, el ocio y el juego, la participación en grupos, los viajes, los deportes, etc.

Hay que tener en cuenta que una misma tarea, por ejemplo la limpieza, puede categorizarse como AIVD (cuando se refiere al mantenimiento y limpieza del hogar) o como AAVD (al aludir al trabajo o empleo desempeñado por una persona).

Para conocer el nivel funcional de la persona, no solo basta con saber si realiza o no una actividad (o si lo hace con ayuda), es necesario obtener información sobre el modo de ejecución y los factores que causan la incompetencia en dicha actividad. Algunos factores que podrían limitar la funcionalidad serían la presencia de problemas en habilidades físicas, déficits cognitivos o causas ambientales, entre otros. Por ejemplo, a la hora de que un/a niño/a elabore la merienda, puede tener dificultades para cortar el pan para hacerse tostadas debido a una hemiparesia en un brazo (habilidad física) o al no disponer de un instrumento adaptado (causas ambientales).


Desde un punto de vista neuropsicológico, las AVD no pueden reducirse a la mera conducta motora observable, teniendo que contemplar los procesos cognitivos subyacentes a la actividad. Entonces, ¿cuáles serían las funciones cognitivas implicadas en la elaboración de la merienda? En este sentido, sería esencial que supiera reconocer visualmente los utensilios, como el pan, el cuchillo y el tostador (gnosias visuales), para qué sirven (memoria semántica) o cómo agarrar el pan, cortarlo y meterlo en el tostador (praxias). De igual forma, es necesario que recuerde los pasos de la tarea completa (secuenciación), evitando la omisión o repetición de algún paso (memoria de trabajo), como volver a rayar tomate cuando ya lo había hecho. O que sepa que no tiene que utilizar todos los elementos que estén a su alcance (inhibición), como el azúcar en las tostadas, así como detectar cuándo se ha producido un error al tostar en exceso el pan y rasparlo (monitorización del error).

En conclusión, la importancia de la ejecución de las AVD, y su afectación cuando existen alteraciones cognitivas, ofrece al campo de la neuropsicología su enfoque más ecológico. En coordinación continua, para una intervención efectiva, deben participar psicólogos junto con otros profesionales sanitarios como terapeutas ocupaciones, fisioterapeutas, logopedas, etc.

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Referencias Bibliográficas:

  • Arnedo, M., Bembibre, J. y Triviño, M. (2013) Neuropsicología: a través de casos clínicos. Madrid: Editorial Médica Panamericana.

  • Moruno, P., y Romero, D. (2006). Actividades de la vida diaria. Barcelona: Editorial Masson.

  • Romero, D. M. (2007). Actividades de la vida diaria. Anales de Psicología, 23(2), p. 264-271.

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